Los
hijos se vieron libres del temor de que Charlotte se quedase soltera. Charlotte
estaba tranquila. Había ganado la partida y tenía tiempo para considerarlo. Sus
reflexiones eran en general satisfactorias. A decir verdad, Collins no era ni
inteligente ni simpático, su compañía era pesada y su cariño por ella debía ser
imaginario. Pero, al fin y al cabo, sería su marido. A pesar de que Charlotte
no tenía una gran opinión de los hombres ni del matrimonio, siempre lo había
ambicionado porque era la única colocación honrosa para una joven bien educada
y de fortuna escasa, y, aunque no se pudiese asegurar que fuese una fuente de
felicidad, siempre sería el más grato recurso contra la necesidad. Este recurso
era lo que acababa de conseguir, ya que a los veintisiete años de edad, sin
haber sido nunca bonita, era una verdadera suerte para ella.
jueves, 18 de agosto de 2022
Orgullo y prejuicio, Jane Austen [Fragmento del Capítulo XXII]
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