I
Canto asunto marcial; al héroe canto
Que, de Troya lanzado, a Italia vino;
Que ora en mar, ora en tierra, sufrió tanto
De Juno rencorosa y del destino;
que en guerras luego padeció quebranto,
Conquistador en el país latino,
Hasta fundar, en fin, con alto ejemplo,
Muro a sus armas, y a sus dioses templo.
II
De allá trajo su ser el trono albano,
Su nombre el pueblo a quien el orbe admira,
Roma de allá su cetro soberano …
¡Mas tú a mi osado verso, musa, inspira!
Abre de estos sucesos el arcano;
¿Qué ofensa suscitó la excelsa ira
Que a la errante virtud sigue y quebranta?
¿Cupo en celestes pechos furia tanta?
III
Enfrente, aunque a distancia, de la riba
Donde el Tibre en el mar su onda derrama,
Tiria de origen, opulenta, altiva
Alzóse la ciudad que Juno ama.
Más que a Sámos la diosa vengativa
La amó: Cartago la ciudad se llama:
En ella la armadura pavorosa,
El carro en ella estuvo de la diosa.
IV
Y ya anhelaba Juno y pretendía
Hacer del orbe a esta ciudad señora
Si consintiese el hado. Oído había
Que, corriendo los tiempos, en mal hora
Para alcázares tirios, se alzaría
De troyana raíz, dominadora
Nación potente, en los combates fiera,
Que así lo urdido por las Parcas era.
V
Eso la diosa recelaba; y luego
De irritantes recuerdos ocupada,
Ella no olvida que a vengar al griego
Fue la primera en desnudar la espada:
Del troyano pastor el fallo ciego;
Su ofendida beldad, la raza odiada,
El alto honor a Ganimedes hecho,
Memorias son para afligir su pecho.
VI
Por eso avienta a términos distantes
Del ítalo confín, a los que a vida
Dejó incendio voraz, salvados antes
Del acero de Aquiles homicida.
Por largos años sobre el ponto errantes,
Cerrando el paso a su virtud sufrida
El hado vengador, ¿dónde no asoma?
¡Fue empresa colosal fundar a Roma!
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