domingo, 26 de febrero de 2023

Fragmento Hamlet, W. Shakespeare

 

ACTO III

Escena  Primera

Entran el rey, la reina, Polonio, Ofelia, Rosencrantz, Guildenstern y caballeros

Rey:                ¿Y no podéis, a través de alguna treta,

Sonsacarle por qué muestra este extravío,

Que sacude la calma de sus días

Con una locura tan violenta?

Rosencrantz:   Él admite que se siente perturbado,

Pero no dirá de ningún modo por qué causa.

Guildenstern:   Tampoco parece dispuesto a ser sondeado,

Pues con afectada locura se escabulle

Cuando intentamos que nos confiese algo

Sobre su verdadero estado.

Rey:                      ¿Os recibió bien?

Rosencrantz:     Como un perfecto caballero.

Guildenstern:    Aunque con una actitud algo forzada.

Rosencrantz:     Parco de preguntas, pero muy pródigo

Al responder las nuestras.

Reina:                   ¿Lo probasteis

Sugiriéndole alguna diversión?

Rosencrantz:     Ocurre, Señora, que en nuestro camino

Dimos con unos actores; le hablamos de ellos,

Y al oírnos pareció alegrarse.

Están aquí en la Corte, y, según creo,

Ya les han dado la orden

De actuar esta noche para él.

Polonio:               Es cierto,

Y me pidió que rogara a vuestras majestades

Que asistan a la representación

Rey:                      De todo corazón. Me alegra mucho

Oír que está tan bien dispuesto.

Caballeros, seguid aguijoneándolo

E inclinadlo a este tipo de placeres.

Rosencrantz:     Lo haremos, mi Señor.

Salen Rosencrantz y Guildenstern.

Rey:                      Dulce Gertrudis, dejadnos

Vos también, ya que en secreto hemos mandado

Llamar a Hamlet, para que, como por casualidad,

Se encuentre con Ofelia. Su padre y yo,

Espías legales,

Podremos, viendo sin ser vistos,

Juzgar sin obstáculos su encuentro,

E inferir de su comportamiento

Si es o no el suplicio del amor

Lo que lo atormenta así.

Reina:                   Os obedeceré.

En cuanto a vos, Ofelia, si es vuestra belleza

La feliz causa de la alteración de Hamlet,

Que sea vuestra virtud la que lo traiga

De vuelta a su humor acostumbrado,

Para el honor de ambos.

Ofelia:                  Señora, así lo espero.

Salen la reina, Ofelia y los caballeros.

Polonio:               Venid, Ofelia. –Vuestra gracia, si os place

Nos apostaremos. –Leed este libro,

Que exhibiros así dará pretexto

A vuestra soledad. Es censurable,

Pero un rostro devoto y una actitud piadosa

Consiguen con frecuencia azucarar

Al mismo diablo.

Rey:                       (Aparte) Eso es muy cierto.

¡Cómo azota ese discurso a mi conciencia!

No es más horrible el rostro de una ramera

Detrás de la pintura que lo adorna

Que mi acción detrás de mis palabras.

¡Oh, carga abrumadora!

Polonio:               Lo oigo venir. Retirémonos, mi Señor.

Salen el Rey y Polonio.

Entra Hamlet

Hamlet:               Ser o no ser, esa es la cuestión.

¿Es más noble soportar con temple

Los golpes y dardos de la insultante Fortuna,

O alzarse en armas contra un mar de adversidades,

Y enfrentándolas ponerles fin? Morir, dormir…

Nada más. Y pensar que durmiendo damos fin

Al dolor del corazón y a los mil males

Que carga nuestra carne. Es una consumación

Digna de anhelarse. Morir, dormir…

Dormir, tal vez soñar. ¡Ay! Ahí está el problema:

Debe detenernos ignorar qué sueños puedan asaltarnos

En ese sueño de la muerte, después de abandonadas

Estas mortales ataduras. He ahí el motivo

Que da tan larga vida a la desgracia. Porque

¿Quién toleraría los azotes y el desdén del mundo,

La injusticia del tirano, las afrentas del soberbio,

El tormento del amor burlado, la demora de la ley,

La insolencia del poder y el desprecio

lunes, 30 de enero de 2023

Ejemplos para identificar el soneto, epigrama, caligrama y haikú

 

Poema 1



 Poema 2

Dice don Luis que me ha escrito

un soneto, y digo yo

que, si don Luis lo escribió,

será un soneto maldito.

A las obras lo remito:

 

luego el poema se vea;

mas nadie que escriba crea,

mientras más no se cultive,

porque no escribe el que escribe

versos que no hay quien los lea.

Poema 3



Poema 4

Bendecidos el año, el mes, el día

y la estación y el sitio y el instante

y el hermoso país en que delante

de su mirar mi voluntad rendía.

 

Y bendecida la tenaz porfía

de amor entre mi pecho palpitante,

y el arco y la saeta y la sangrante

herida que en mi corazón se abría.

 

Bendecida la voz que repitiendo

va por doquier el nombre de mi amada,

suspiros, ansias, lágrimas vertiendo.

 

Y bendecido todo cuanto escribe

la mente que al loarla consagrada

en Ella y sólo para Ella vive.



Ejemplos para identificar la oda, elegía, égloga y canción

Poema 1

El pastor Coridón ardía de amor, sin ninguna esperanza,

por el hermoso Alexis, amado por su patrón.

Se dedicaba solo a ir a un bosque tupido de hayas,

de copas umbrosas. Allí, solitario, con inútil esfuerzo,

profería a los montes y bosques estos desconsolados lamentos:

“Oh cruel Alexis, ¿no te importan nada mis cantos?

¿No te apiadas en nada de mí? Acabarás por hacerme morir.

A esta hora los mismos rebaños buscan sombra y frescor.

A esta hora las mismas zarzas protegen a los verdes lagartos

y Testilís muele ajo y tomillo, aromáticas yerbas,

para los segadores cansados bajo el violento calor.

Mas yo, mientras persigo tus huellas, hago resonar los huertos

junto con las roncas cigarras bajo el ardiente sol.

¿No habría sido mejor para mí soportar las iras sombrías

y el orgulloso desdén de Amarilis o a Menalcas,

tan moreno como él es, tan blanco como tú eres?

Oh niño hermoso, no confíes mucho en tu color:

las blancas alheñas se dejan caer, los negros arándanos se recogen...

Me desprecias, Alexis, y no buscas saber quién soy,

cuál es mi caudal en ganados, cuánta nívea leche poseo:

mis mil ovejas vagabundean en los montes sicilianos

y ni en verano ni en invierno carezco de leche fresca.


Poema 2

Lenguaje, eres demasiado estrecho

y demasiado débil para consolarnos;

la aflicción extrema no puede hablar.

¡Si pudiéramos suspirar acentos y llorar palabras!

La angustia que otorgan respiro a las lágrimas,

se consume y desgasta.

Los espíritus tristes, cuando menos lo parecen,

más tristes están.

No porque no sientan su estado,

sino porque el sentimiento los ha desesperado.

Dolor, a quien debemos todo lo que somos;

tirano, en la quinta y máxima Monarquía:

¿La mataste porque ella poseía todos los corazones,

para hacer así más opulento tu imperio?

¿Sabías que hasta quién no la conocía se lamentaría,

como cuando en un diluvio perecen todos los inocentes?

¿No te bastaba ganar ese palacio?

¿Debías arrasarlo, después de vencido?

Si te hubieras quedado, si hubieras considerado sus ojos,

todos los que hoy te huyen te habrían adorado.

Porque aquellos ojos daban luz sin quitarla,

y veían el alma porque la producían.

Ella era Zafirina, y clara ante ti;

la arcilla es ahora tu recinto sagrado.

Ah, ella era demasiado pura, pero no demasiado débil;

¿quién contempló una artillería de cristal que no se quebrara?

Y si nosotros somos tu conquista, con su caída has perdido,

pues con ella perecemos todos.

Si vivimos, sólo lo hacemos para rebelarnos;

la conocen mejor quienes la trataron bien.

Si debiéramos evaporarnos, y languidecer, y morir,

ya no sufriríamos, pues íbamos tras ella.

Ella cambió nuestro mundo por el suyo,

ahora que partió; la alegría y la fortuna son opresiones,

pues suyas eran todas las virtudes

que la ética llama cardinales.

Su alma era el paraíso;

la Gracia era el querubín que la custodiaba, y alejaba del pecado;

sólo debía dejar entrar a la Muerte,

pues la destrucción se cosecha siempre del mismo árbol.

Dios la arrebató, para que ningún mortal la amara más que a Él,

y mientras vertíamos lágrimas,

Él vertía su merced al llevársela,

para que nuestras mentes se eleven al firmamento, donde ella ahora descansa.

 

Poema 3

¡Oh amigos, cesad esos ásperos cantos!

Entonemos otros más agradables y

llenos de alegría.

¡Alegría, alegría!

 

¡Alegría, hermosa chispa de los dioses

hija del Elíseo!

¡Ebrios de ardor penetramos,

diosa celeste, en tu santuario!

Tu hechizo vuelve a unir

lo que el mundo había separado,

todos los hombres se vuelven hermanos

allí donde se posa tu ala suave.

 

Quien haya alcanzado la fortuna

de poseer la amistad de un amigo, quien

haya conquistado a una mujer deleitable

una su júbilo al nuestro.

Sí, quien pueda llamar suya aunque

sólo sea a un alma sobre la faz de la Tierra.

Y quien no pueda hacerlo,

que se aleje llorando de esta hermandad.

 

Todos los seres beben la alegría

en el seno de la naturaleza,

todos, los buenos y los malos,

siguen su camino de rosas.

Nos dio ósculos y pámpanos

y un fiel amigo hasta la muerte.

Al gusano se le concedió placer

y al querubín estar ante Dios.

 

Gozosos, como los astros que recorren

los grandiosos espacios celestes,

transitad, hermanos,

por vuestro camino, alegremente,

como el héroe hacia la victoria.

 

¡Abrazaos, criaturas innumerables!

¡Que ese beso alcance al mundo entero!

¡Hermanos!, sobre la bóveda estrellada

tiene que vivir un Padre amoroso.

 

¿No vislumbras, oh mundo, a tu Creador?

Búscalo sobre la bóveda estrellada.

Allí, sobre las estrellas, debe vivir.

 

¡Alegría, hermosa chispa de los dioses

hija del Elíseo!

¡Ebrios de ardor penetramos,

diosa celeste, en tu santuario!

Tu hechizo vuelve a unir

lo que el mundo había separado,

todos los hombres se vuelven hermanos

allí donde se posa tu ala suave.

 

¡Alegría, hermosa chispa de los dioses,

hija del Elíseo!

¡Alegría, bella chispa divina! 


Poema 4

Tres morfilas tan garridas

iban a coger olivas,

y hallábanlas cogidas en Jaén,

Axa y Fátima y Marién.

 

Y hallábanlas cogidas,

y tornaban desmaídas

y las colores perdidas en Jaén

Axa y Fátima y Marién.

 

Tres moricas tan lozanas

tres moricas tan lozanas,

iban a coger manzanas a Jaén,

Axa y Fátima y Maríén.

 

En la fuente del rosel

lavan la niña y el doncel.

 

En la fuente de agua clara

con sus manos lavan la cara

él a ella y ella a él,

lavan la niña y el doncel.

En la fuente del rosel,

lavan la niña y el doncel

 

Dentro en el vergel

moriré.

Dentro en el rosal

matarm' han.

 

Yo m'iba, mi madre,

las rosas coger;

hallé mis amores

dentro en el vergel.

Dentro del rosal

matarm' han.



domingo, 22 de enero de 2023

Ejemplos del poema para el nivel semántico

 

CANTAR DE LOS CANTARES

Hermosa eres tú, oh amiga mía, como Tirsa;

De desear, como Jerusalén;

Imponente como ejércitos en orden.

Aparta tus ojos de delante de mí,

Porque ellos me vencieron.

Tu cabello es como manada de cabras

Que se recuestan en las laderas de Galaad.

Tus dientes, como manadas de ovejas que suben del lavadero,

Todas con crías gemelas,

Y estéril no hay entre ellas.

Como cachos de granada son tus mejillas

Detrás de tu velo.

Sesenta son las reinas, y ochenta las concubinas,

Y las doncellas sin número;

Mas una es la paloma mía, la perfecta mía;

Es la única de su madre,

La escogida de la que la dio a luz.

La vieron las doncellas, y la llamaron bienaventurada;

Las reinas y las concubinas, y la alabaron.

¿Quién es esta que se muestra como el alba,

Hermosa como la luna,

Esclarecida como el sol,

Imponente como ejércitos en orden?

 

 

Soneto, Francisco de Quevedo

Es hielo abrasador, es fuego helado,

es herida que duele y no se siente,

es un soñado bien, un mal presente,

es un breve descanso muy cansado.

 

Es un descuido que nos da cuidado,

un cobarde con nombre de valiente,

un andar solitario entre la gente,

un amar solamente ser amado.

 

Es una libertad encarcelada,

que dura hasta el postrero paroxismo;

enfermedad que crece si es curada.

 

Éste es el niño Amor, éste es su abismo.

¡Mirad cuál amistad tendrá con nada

el que en todo es contrario de sí mismo!

 

Égloga, Garcilaso de la Vega

Por ti el silencio de la selva umbrosa,

por ti la esquividad y apartamiento

del solitario monte m'agradaba;

por ti la verde hierba, el fresco viento,

el blanco lirio y colorada rosa

y dulce primavera deseaba.

Ay, cuánto m'engañaba!

¡Ay, cuán diferente era

y cuán d'otra manera

lo que en tu falso pecho se escondía!

Bien claro con su voz me lo decía

la siniestra corneja, repitiendo

Ejemplos de poemas para el nivel sintáctico

 

Una araña paciente y silenciosa, Walt Whitman

 Una araña paciente y silenciosa,

vi en el pequeño promontorio en que

sola se hallaba,

vi cómo para explorar el vasto

espacio vacío circundante,

lanzaba, uno tras otro, filamentos,

filamentos, filamentos de sí misma.

Y tú, alma mía, allí donde te  encuentras,

circundada, apartada,

en inmensurables océanos de espacio,

meditando, aventurándote, arrojándote,

buscando si cesar las esferas

para conectarlas,

hasta que se tienda el puente que precisas,

hasta que el ancla dúctil quede asida,

hasta que la telaraña que tú emites

prenda en algún sitio, oh alma mía.

 

La voz, Charles Baudelaire

 Se encontraba mi cuna junto a la biblioteca,

Babel sombría, donde novela, ciencia, fábula,

Todo, ya polvo griego, ya ceniza latina

Se confundía. Yo era alto como un infolio.

Y dos voces me hablaban. Una, insidiosa y firme:

«La Tierra es un pastel colmado de dulzura;

Yo puedo (¡y tu placer jamás tendrá ya término!)

Forjarte un apetito de una grandeza igual.»

Y la otra: «¡Ven! ¡Oh ven! a viajar por los sueños,

lejos de lo posible y de lo conocido.»

Y ésta cantaba como el viento en las arenas,

Fantasma no se sabe de que parte surgido

Que acaricia el oído a la vez que lo espanta.

Yo te respondí: «¡Sí! ¡Dulce voz!» Desde entonces

Data lo que se puede denominar mi llaga

Y mi fatalidad. Detrás de los paneles

De la existencia inmensa, en el más negro abismo,

Veo, distintamente, los más extraños mundos

Y, víctima extasiada de mi clarividencia,

Arrastro en pos serpientes que mis talones muerden.

Y tras ese momento, igual que los profetas,

Con inmensa ternura amo el mar y el desierto;

Y sonrío en los duelos y en las fiestas sollozo

Y encuentro un gusto grato al más ácido vino;

Y los hechos, a veces, se me antojan patrañas

Y por mirar al cielo caigo en pozos profundos.

Más la voz me consuela, diciendo: «Son más bellos

los sueños de los locos que los del hombre sabio».

 

Fuera menos penado si no fuera, Miguel Hernández

 Fuera menos penado si no fuera

nardo tu tez para mi vista, nardo,

cardo tu piel para mi tacto, cardo,

tuera tu voz para mi oído, tuera.

 

Tuera es tu voz para mi oído, tuera,

y ardo en tu voz y en tu alrededor ardo,

y tardo a arder lo que a ofrecerte tardo

miera, mi voz para la tuya miera.

 

Zarza es tu mano si la tiento, zarza,

ola tu cuerpo si la alcanzo, ola,

cerca una vez pero un millar no cerca.

 

Garza es mi pena, esbelta y triste garza,

sola como un suspiro y un ay, sola,

terca en su error y en su desgracia terca.

Ejemplos de poemas para el nivel fonético

Al cumplir mis 36 años, Lord Byron

¡Calma, corazón, ten calma!
¿A qué lates, si no abates
ya ni alegras a otra alma?
¿A qué lates?

Mi vida, verde parral,
dio ya su fruto y su flor,
amarillea, otoñal,
sin amor.

Mas no pongamos mal ceño!
¡No pensemos, no pensemos!
Démonos al alto empeño
que tenemos.

Mira: Armas, banderas, campo
de batalla, y la victoria,
y Grecia. ¿No vale un lampo
de esta gloria?

¡Despierta! A Hélade no toques,
Ya Hélade despierta está.
Invócate a ti. No invoques
más allá

Viejo volcán enfriado
es mi llama; al firmamento
alza su ardor apagado.
¡Ah momento!

Temor y esperanza mueren.
Dolor y placer huyeron.
Ni me curan ni me hieren.
No son. Fueron.

¿A qué vivir, correr suerte,
si la juventud tu sien
ya no adorna? He aquí tu
muerte.

Y está bien.
Tras tanta palabra dicha,
el silencio. Es lo mejor.
En el silencio ¿no hay dicha?
y hay valor.

Lo que tantos han hallado
buscar ahora para ti:
una tumba de soldado.
Y hela aquí.

Todo cansa todo pasa.
Una mirada hacia atrás,
y marchémonos a casa.
Allí hay paz.

 

Poema de un día, Antonio Machado

 Heme aquí ya, profesor

de lenguas vivas (ayer

maestro de gay-saber,

aprendiz de ruiseñor)

en un pueblo húmedo y frío,

destartalado y sombrío,

entre andaluz y manchego.

[…]

¡Llueve, Señor; llueve, llueve!

En mi estancia, iluminada

por esta luz invernal

—la tarde gris tamizada

por la lluvia y el cristal—,

sueño y medito.

Clarea

el reloj arrinconado,

y su tic-tic, olvidado

por repetido, golpea.

Tic-tic, tic-tic... Ya te he oído.

Tic-tic, tic-tic... Siempre igual,

monótono y aburrido.

Tic-tic, tic-tic, el latido

de un corazón de metal.

En estos pueblos, ¿se escucha

el latir del tiempo? No.

En estos pueblos se lucha

sin tregua con el relo,

con esa monotonía

que mide un tiempo vacío.

Pero ¿tu hora es la mía?

¿Tu tiempo, reloj, el mío?

(Tic-tic, tic-tic... ) Era un día

(tic-tic, tic-tic) que pasó,

y lo que yo más quería

la muerte se lo llevó.

[..]

En otro tiempo...

—Llovía

también cuando Dios quería.

—Hasta mañana, señores.

Tic-tic, tic-tic... Ya pasó

un día como otro día,

dice la monotonía

del relo'

Sobre mi mesa los datos

de la conciencia, inmediatos.

No está mal

este yo fundamental,

contingente y libre, a ratos,

creativo, original;

este yo que vive y siente

dentro la carne mortal,

¡ay! , por saltar impaciente

las bardas de su corral.

 

The bells, Edgar Allan Poe [Fragmento]

Hear the loud alarum bells—

                 Brazen bells!

What tale of terror, now, their turbulency tells!

       In the startled ear of night

       How they scream out their affright!

         Too much horrified to speak,

         They can only shriek, shriek,

                  Out of tune,

In a clamorous appealing to the mercy of the fire,

In a mad expostulation with the deaf and frantic fire,

            Leaping higher, higher, higher,

            With a desperate desire,

         And a resolute endeavor

         Now—now to sit or never,

       By the side of the pale-faced moon.

            Oh, the bells, bells, bells!

            What a tale their terror tells

                  Of Despair!

       How they clang, and clash, and roar!

       What a horror they outpour

On the bosom of the palpitating air!

       Yet the ear it fully knows,

            By the twanging,

            And the clanging,

         How the danger ebbs and flows;

       Yet the ear distinctly tells,

            In the jangling,

            And the wrangling.

       How the danger sinks and swells,

By the sinking or the swelling in the anger of the bells—

             Of the bells—

     Of the bells, bells, bells, bells,

            Bells, bells, bells—

 In the clamor and the clangor of the bells! 

sábado, 12 de noviembre de 2022

Autobiografía, José Saramago

 

Nací en una familia de campesinos sin tierras, en Azinhaga, una pequeña población situada en la provincia de Ribatejo, en el margen derecho del río Almonda, a unos cien kilómetros al nordeste de Lisboa. Mis padres se llamaban José de Sousa y Maria da Piedade. José de Sousa habría sido mi nombre si el funcionario del Registro Civil, por iniciativa propia, no lo hubiese añadido el apodo por el que mi padre era conocido en la aldea: Saramago. (Cabe esclarecer que saramago es una planta herbácea espontánea, cuyas hojas, en aquellos tiempos, en épocas de carencia servían como alimento en la cocina de los pobres). Fue a los siete años, cuando tuve que presentar en la escuela primaria un documento de identificación, que se vino a saber que mi nombre completo era José de Sousa Saramago... Pero no fue éste el único problema de identidad que me fue concecido al nacer. Aunque había venido al mundo el día 16 de Noviembre de 1922, mis documentos oficiales dicen que nacía dos días después, el 18: fue gracias a este pequeño fraude que la familia pudo escapar del pago de un a multa por no declarar el nacimiento en el plazo legal.


Tal vez por haber participado en la Guerra Mundial, en Francia, como soldado de artillería, he conocido otros ambientes, diferentes a vivir en una aldea, mi padre decidió, en 1924, dejar el trabajo del campo y trasladarse con la familia a Lisboa, donde comenzó a ejercer la profesión de policía de seguridad pública, para el cual no se exigían más “habilidades literarias” (expresión común entonces...) que leer, escribir y contar. Pocos meses después de habernos instalado en la capital, moriría mi hermano Francisco, que era dos años más viejo que yo. Aunque las condiciones en que vivíamos hubiesen mejorado un poco con la mudanza, nunca llegaríamos a conocer el verdadero desahogo económico. Ya tenía 13 ó 14 años cuando pasamos, al fin, a vivir en una casa (pequeñísima) sólo para nosotros: hasta ahora siempre habíamos vivido en partes de casas, con otras familias. Durante todo este tiempo, y hasta la mayoría de edad, fueron muchos, y frecuentemente prolongados, los periodos en que viví en un pueblo con mis abuelos maternos, Jerónimo Melrinho y Josefa Caixinha.

Fui buen alumno en la escuela primaria: en la segunda clase ya escribía sin errores de ortografía, y la tercera y cuarta clases fueron dadas en un sólo año. Me trasladé después al instituto, donde permanecí dos años, con excelentes notas en primero, bastante menos buenas en segundo, mas estimado por colegas y profesores, al punto de ser elegido (tenía entonces 12 años...) tesorero de la asociación académica... Entretanto, mis padres habían llegado a la conclusión de que, por falta de medios, no podían seguir manteniéndome en el instituto. La única alternativa que se presentaba sería entrar en una escuela de enseñanza profesional, y así fue: durante cinco años aprendí el oficio de cerrajero mecánico. Lo más sorprendente era que el plan de estudios de la escuela, en aquel tiempo, aunque orientado obviamente para formar profesionales técnicos, incluía, además de Francés, una disciplina de Literatura. Como no tenía libros en casa (libros míos, comprados por mí, aunque con dinero prestado de un amigo, sí los pude tener a los 19 años), fueron los libros escolares de Portugués, por su carácter “antológico”, que me abrieron muchas puertas para fruición literaria: aún hoy puedo recitar poemas aprendidos en aquella época distante. Terminado el curso, trabajé durante cerca de dos años como cerrajero mecánico en una oficina de reparación de automóviles. También a esas alturas había comenzado a frecuentar, en los periodos nocturnos de funcionamiento, una biblioteca pública en Lisboa. Y fue así, sin ayudas ni consejos, apenas guiado por la curiosidad y por la voluntad de aprender, que el gusto por la lectura se desenvolvió y pulió. Cuando me casé, en 1944, ya había cambiado de actividad, pasando a trabajar en un organismo de Seguridad Social como empleado administrativo. Mi mujer, Ilda Reis, entonces mecanógrafa en Caminhos de Ferro, vendría a ser, muchos años más tarde, un de los más importantes grabadores portugueses. Fallecería en 1998. En 1947, año de nacimiento de mi única hija, Violante, publiqué mi primer libro, un romance que titulé A Viúva, pero que por conveniencias editoriales vendría a salir con el nombre de Terra do Pecado. Escribí aún otra novela, Clarabóia, que permanece inédito aún hoy, y principio de otra, que no pasó de las primeras páginas: se llamaba O Mel e o Fel o tal vez Luís, filho de Tadeu... La cuestión fue resuelta cuando abandoné el proyecto: comenzaba a volverse claro para mí que no tenía que decir algo que valiese la pena. Durante 19 años, hasta 1966, cuando publicara Os Poemas Possíveis , estuve ausente del mundo literario portugués, donde debieron haber sido poquísimas las personas que se dieran cuenta de mi falta.

Por motivos políticos fui despedido en 1949, pero, gracias a la buena voluntad de un amigo mío profesor del tiempo de la escuela técnica, pude encontrar trabajo en una empresa metalúrgica de la que él era administrador. A finales de los años 50 pasé a trabajar en una editorial, Estúdios Cor, como responsable de la producción, regresando así, pero no como autor, al mundo de las letra que había dejado años antes. Esa nueva actividad me permitió conocer y crear relaciones de amistad con algunos de los escritores portugueses más importante de entonces. Para mejorar el presupuesto familiar, y también por gusto, comencé, a partir de 1955, a dedicar una parte del tiempo libre a trabajos de traducción, actividad que se prolongaría hasta 1981: Colette, Pär Lagerkvist, Jean Cassou, Maupassant, André Bonnard, Tolstoi, Baudelaire, Étienne Balibar, Nikos Poulantzas, Henri Focillon, Jacques Roumain, Hegel,RaymondBayer fueron algunos de los autores que ttraduje. Otra ocupación paralela, entre Mayo de 1967 y Noviembre de 1968, fue la de crítico literario. Entretanto, en 1966, publicaría Os Poemas Possíveis, una colección poética que marcó mi regreso a la literatura. A ese libro le siguió, en 1970, otra colección de poemas, Provavelmente Alegria, y luego en 1971 y 1973 respectivamente, bajo los títulos Deste Mundo e do Outro y A Bagagem do Viajante, recogimiento ambas de crónicas publicadas en prensa, que la crítica tiene consideradas esenciales para la completa comprensión de mi trabajo posterior. Me divorcié en 1970, iniciando una relación de convivencia, que duraría hasta 1986, con la escritora portuguesa Isabel da Nóbrega.

Abandoné la editorial a finales de 1971, trabajé durante dos años seguidos en el vespertino Diário de Lisboa como coordinador de un suplemente cultural e como editorialista. Publicados en 1974 bajo el título As Opiniões que o DL teve, esos textos representan una “lectura” bastante precisa de los últimos tiempo de la dictadura que vendría a ser derrumbada en Abril de ese año. En Abril de 1975 pasé a ejercer las funciones de director-adjunto del matutino Diário de Notícias, cargo que desempeñé hasta Noviembre de ese año y del que fui despedido en consecuencias de mudanzas ocasionadas por el golpe político-militar del 25 de aquel mes, que frenó el proceso revolucionario. Dos libros marcan esta época: El año de 1993, un poema largo publicado en 1975, que algunos críticos ya consideran anunciador de obras de ficción, que dos años después se iniciarían con el romance Manual de Pintura y Caligrafía y, bajo el título de Os Apontamentos ,los artículos de teoría política que publiqué en el periódico del que había sido director.

Sin empleo una vez más y, ponderadas las circunstancias de la situación política en que entonces se vivía, sin la menos posibilidad de encontrar, tomé la decisión de que me dedicaría enteramente a la literatura: ya era hora de saber lo que podría realmente valer como escritor. A principios de 1976 me instalé por algunas semanas en Lavre, una población rural de la provincia de Alentejo. Pero, sobre todo, participé en acciones para reivindicar la dignidad de los seres humanos y del cumplimiento de la Declaración del los Derechos Humanos, en pos de una sociedad más justa, donde las personas sean prioridad absoluta, y no el mercado, o las luchas por el poder hegemónico, siempre destructivas. El estudio, observación y registro de informaciones que vino a dar origen, en 1980, a la novela Levantado del Suelo, en que nace el modo de narrar que caracteriza mi ficción novelesca. Entretanto, en 1978, había publicado una colección de cuentos, Casi un Objeto, en 1979 la obra de teatro La noche, a la que siguió, pocos meses antes de la publicación de Levantado del Suelo, nueva obra teatral, Que Farei com este Livro?. Con excepción de otra obra de teatro, titulada A Segunda Vida de Francisco de Assis y publicada en 1987, la década de los 80 fue enteramente dedicada al romance: Memorial del Convento, 1982, El Año de la Muerte de Ricardo Reis, 1984, La Balsa de Piedra, 1986, Historia del Cerco de Lisboa, 1989.

En 1986 conocí a la periodista española Pilar del Río. Nos casamos en 1988. En consecuencia la censura ejercida por el Gobierno portugués sobre la novela El Evangelio según Jesucristo (1991), vetando su presentación al Premio Literario Europeo con el pretexto de que el libro era ofensivo para los católicos, cambiamos, mi mujer y yo , en Febrero de 1993, nuestra residencia a la isla de Lanzarote, en el archipiélago de Canarias. A principios de ese año publiqué la obra In Nomine Dei, aunque escrita en Lisboa, del que sería extraído el libreto de la ópera Divara, con música del compositor italiano Azio Corghi, estrenada en Munich (Alemania), en 1993. No fue esta mi primera colaboración con Corghi: también le dio música a la ópera Blimunda, sobre la novela Memorial del Convento, estrenada en Milán (Italia), en 1990. En 1993 inicie la escritura de un diario, Cuadernos de Lanzarote, del que están publicados cinco volúmenes. En 1995 publiqué la novela Ensayo sobre la Ceguera y en 1997 Todos los Nombres e El cuento de la isla desconocida . En 1995 me fue concedido el Premio Camões, y en 1998 el Premio Nobel de Literatura. Como consecuencia de haber recibido el Premio Nobel mi actividad pública se vio incrementada. Viajé por los cinco continentes dando conferencias, recibiendo títulos académicos, participando en reuniones y congresos, tanto de carácter literario como social y político. Pero, sobre todo, participé en acciones para reivindicar la dignidad de los seres humanos y del cumplimiento de la Declaración del los Derechos Humanos, en pos de una sociedad más justa, donde las personas sean prioridad absoluta, y no el mercado, o las luchas por el poder hegemónico, siempre destructivas. Creo haber trabajado bastante durante estos últimos años. Desde 1998 he publicado Folhas Políticas (1976-1998) (1999), La caverna (2000), La flor más grande del mundo (2001), El hombre duplicado (2002), Ensayo sobre la lucidez (2004), Don Giovanni ou o Dissoluto Absolvido (2005), Las intermitencias de la muerte (2005) e Las pequeñas memorias (2006). Ahora, en este otoño de 2008, aparecerá un nuevo libro: El viaje del elefante, un cuento, una narración, una fábula.

En el año 2007, se tomó la decisión de crear en Lisboa una Fundación con mi nombre, que asume, entre sus principales objetivos, la defensa y la divulgación de la literatura contemporánea, y la defensa y la exigencia del cumplimiento de la Carta de los Derechos Humanos, además de la atención que debemos, como ciudadanos responsables, al cuidado del medio ambiente. En julio de 2008 se firmó con el Ayuntamiento de Lisboa un protocolo de cesión de la Casa dos Bicos para sede de la Fundación José Saramago, desde donde ésta continuará profundizando y consolidando los objetivos propuestos en su Declaración de Principios, abriendo puertas a proyectos activos de agitación cultural, y empeñándose en colaborar con quienes apuestan por la necesaria y positiva transformación de la sociedad.

Fragmento Hamlet, W. Shakespeare

  ACTO III Escena   Primera Entran el rey, la reina, Polonio, Ofelia, Rosencrantz, Guildenstern y caballeros Rey:                  ¿Y ...