Una araña paciente y silenciosa,
Walt Whitman
vi en el pequeño promontorio en que
sola se hallaba,
vi cómo para explorar el vasto
espacio vacío circundante,
lanzaba, uno tras otro, filamentos,
filamentos, filamentos de sí misma.
Y tú, alma mía, allí donde te encuentras,
circundada, apartada,
en inmensurables océanos de
espacio,
meditando, aventurándote,
arrojándote,
buscando si cesar las esferas
para conectarlas,
hasta que se tienda el puente que
precisas,
hasta que el ancla dúctil quede
asida,
hasta que la telaraña que tú emites
prenda en algún sitio, oh alma mía.
La voz, Charles Baudelaire
Babel sombría, donde novela,
ciencia, fábula,
Todo, ya polvo griego, ya ceniza
latina
Se confundía. Yo era alto como un
infolio.
Y dos voces me hablaban. Una,
insidiosa y firme:
«La Tierra es un pastel colmado de
dulzura;
Yo puedo (¡y tu placer jamás tendrá
ya término!)
Forjarte un apetito de una grandeza
igual.»
Y la otra: «¡Ven! ¡Oh ven! a viajar
por los sueños,
lejos de lo posible y de lo conocido.»
Y ésta cantaba como el viento en
las arenas,
Fantasma no se sabe de que parte
surgido
Que acaricia el oído a la vez que
lo espanta.
Yo te respondí: «¡Sí! ¡Dulce voz!»
Desde entonces
Data lo que se puede denominar mi
llaga
Y mi fatalidad. Detrás de los paneles
De la existencia inmensa, en el más
negro abismo,
Veo, distintamente, los más
extraños mundos
Y, víctima extasiada de mi
clarividencia,
Arrastro en pos serpientes que mis
talones muerden.
Y tras ese momento, igual que los
profetas,
Con inmensa ternura amo el mar y el
desierto;
Y sonrío en los duelos y en las
fiestas sollozo
Y encuentro un gusto grato al más
ácido vino;
Y los hechos, a veces, se me
antojan patrañas
Y por mirar al cielo caigo en pozos
profundos.
Más la voz me consuela, diciendo:
«Son más bellos
los sueños de los locos que los del
hombre sabio».
Fuera menos penado si no fuera,
Miguel Hernández
nardo tu tez para mi vista, nardo,
cardo tu piel para mi tacto, cardo,
tuera tu voz para mi oído, tuera.
Tuera es tu voz para mi oído,
tuera,
y ardo en tu voz y en tu alrededor
ardo,
y tardo a arder lo que a ofrecerte
tardo
miera, mi voz para la tuya miera.
Zarza es tu mano si la tiento,
zarza,
ola tu cuerpo si la alcanzo, ola,
cerca una vez pero un millar no
cerca.
Garza es mi pena, esbelta y triste
garza,
sola como un suspiro y un ay, sola,
terca en su error y en su desgracia
terca.
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