lunes, 30 de enero de 2023

Ejemplos para identificar el soneto, epigrama, caligrama y haikú

 

Poema 1



 Poema 2

Dice don Luis que me ha escrito

un soneto, y digo yo

que, si don Luis lo escribió,

será un soneto maldito.

A las obras lo remito:

 

luego el poema se vea;

mas nadie que escriba crea,

mientras más no se cultive,

porque no escribe el que escribe

versos que no hay quien los lea.

Poema 3



Poema 4

Bendecidos el año, el mes, el día

y la estación y el sitio y el instante

y el hermoso país en que delante

de su mirar mi voluntad rendía.

 

Y bendecida la tenaz porfía

de amor entre mi pecho palpitante,

y el arco y la saeta y la sangrante

herida que en mi corazón se abría.

 

Bendecida la voz que repitiendo

va por doquier el nombre de mi amada,

suspiros, ansias, lágrimas vertiendo.

 

Y bendecido todo cuanto escribe

la mente que al loarla consagrada

en Ella y sólo para Ella vive.



Ejemplos para identificar la oda, elegía, égloga y canción

Poema 1

El pastor Coridón ardía de amor, sin ninguna esperanza,

por el hermoso Alexis, amado por su patrón.

Se dedicaba solo a ir a un bosque tupido de hayas,

de copas umbrosas. Allí, solitario, con inútil esfuerzo,

profería a los montes y bosques estos desconsolados lamentos:

“Oh cruel Alexis, ¿no te importan nada mis cantos?

¿No te apiadas en nada de mí? Acabarás por hacerme morir.

A esta hora los mismos rebaños buscan sombra y frescor.

A esta hora las mismas zarzas protegen a los verdes lagartos

y Testilís muele ajo y tomillo, aromáticas yerbas,

para los segadores cansados bajo el violento calor.

Mas yo, mientras persigo tus huellas, hago resonar los huertos

junto con las roncas cigarras bajo el ardiente sol.

¿No habría sido mejor para mí soportar las iras sombrías

y el orgulloso desdén de Amarilis o a Menalcas,

tan moreno como él es, tan blanco como tú eres?

Oh niño hermoso, no confíes mucho en tu color:

las blancas alheñas se dejan caer, los negros arándanos se recogen...

Me desprecias, Alexis, y no buscas saber quién soy,

cuál es mi caudal en ganados, cuánta nívea leche poseo:

mis mil ovejas vagabundean en los montes sicilianos

y ni en verano ni en invierno carezco de leche fresca.


Poema 2

Lenguaje, eres demasiado estrecho

y demasiado débil para consolarnos;

la aflicción extrema no puede hablar.

¡Si pudiéramos suspirar acentos y llorar palabras!

La angustia que otorgan respiro a las lágrimas,

se consume y desgasta.

Los espíritus tristes, cuando menos lo parecen,

más tristes están.

No porque no sientan su estado,

sino porque el sentimiento los ha desesperado.

Dolor, a quien debemos todo lo que somos;

tirano, en la quinta y máxima Monarquía:

¿La mataste porque ella poseía todos los corazones,

para hacer así más opulento tu imperio?

¿Sabías que hasta quién no la conocía se lamentaría,

como cuando en un diluvio perecen todos los inocentes?

¿No te bastaba ganar ese palacio?

¿Debías arrasarlo, después de vencido?

Si te hubieras quedado, si hubieras considerado sus ojos,

todos los que hoy te huyen te habrían adorado.

Porque aquellos ojos daban luz sin quitarla,

y veían el alma porque la producían.

Ella era Zafirina, y clara ante ti;

la arcilla es ahora tu recinto sagrado.

Ah, ella era demasiado pura, pero no demasiado débil;

¿quién contempló una artillería de cristal que no se quebrara?

Y si nosotros somos tu conquista, con su caída has perdido,

pues con ella perecemos todos.

Si vivimos, sólo lo hacemos para rebelarnos;

la conocen mejor quienes la trataron bien.

Si debiéramos evaporarnos, y languidecer, y morir,

ya no sufriríamos, pues íbamos tras ella.

Ella cambió nuestro mundo por el suyo,

ahora que partió; la alegría y la fortuna son opresiones,

pues suyas eran todas las virtudes

que la ética llama cardinales.

Su alma era el paraíso;

la Gracia era el querubín que la custodiaba, y alejaba del pecado;

sólo debía dejar entrar a la Muerte,

pues la destrucción se cosecha siempre del mismo árbol.

Dios la arrebató, para que ningún mortal la amara más que a Él,

y mientras vertíamos lágrimas,

Él vertía su merced al llevársela,

para que nuestras mentes se eleven al firmamento, donde ella ahora descansa.

 

Poema 3

¡Oh amigos, cesad esos ásperos cantos!

Entonemos otros más agradables y

llenos de alegría.

¡Alegría, alegría!

 

¡Alegría, hermosa chispa de los dioses

hija del Elíseo!

¡Ebrios de ardor penetramos,

diosa celeste, en tu santuario!

Tu hechizo vuelve a unir

lo que el mundo había separado,

todos los hombres se vuelven hermanos

allí donde se posa tu ala suave.

 

Quien haya alcanzado la fortuna

de poseer la amistad de un amigo, quien

haya conquistado a una mujer deleitable

una su júbilo al nuestro.

Sí, quien pueda llamar suya aunque

sólo sea a un alma sobre la faz de la Tierra.

Y quien no pueda hacerlo,

que se aleje llorando de esta hermandad.

 

Todos los seres beben la alegría

en el seno de la naturaleza,

todos, los buenos y los malos,

siguen su camino de rosas.

Nos dio ósculos y pámpanos

y un fiel amigo hasta la muerte.

Al gusano se le concedió placer

y al querubín estar ante Dios.

 

Gozosos, como los astros que recorren

los grandiosos espacios celestes,

transitad, hermanos,

por vuestro camino, alegremente,

como el héroe hacia la victoria.

 

¡Abrazaos, criaturas innumerables!

¡Que ese beso alcance al mundo entero!

¡Hermanos!, sobre la bóveda estrellada

tiene que vivir un Padre amoroso.

 

¿No vislumbras, oh mundo, a tu Creador?

Búscalo sobre la bóveda estrellada.

Allí, sobre las estrellas, debe vivir.

 

¡Alegría, hermosa chispa de los dioses

hija del Elíseo!

¡Ebrios de ardor penetramos,

diosa celeste, en tu santuario!

Tu hechizo vuelve a unir

lo que el mundo había separado,

todos los hombres se vuelven hermanos

allí donde se posa tu ala suave.

 

¡Alegría, hermosa chispa de los dioses,

hija del Elíseo!

¡Alegría, bella chispa divina! 


Poema 4

Tres morfilas tan garridas

iban a coger olivas,

y hallábanlas cogidas en Jaén,

Axa y Fátima y Marién.

 

Y hallábanlas cogidas,

y tornaban desmaídas

y las colores perdidas en Jaén

Axa y Fátima y Marién.

 

Tres moricas tan lozanas

tres moricas tan lozanas,

iban a coger manzanas a Jaén,

Axa y Fátima y Maríén.

 

En la fuente del rosel

lavan la niña y el doncel.

 

En la fuente de agua clara

con sus manos lavan la cara

él a ella y ella a él,

lavan la niña y el doncel.

En la fuente del rosel,

lavan la niña y el doncel

 

Dentro en el vergel

moriré.

Dentro en el rosal

matarm' han.

 

Yo m'iba, mi madre,

las rosas coger;

hallé mis amores

dentro en el vergel.

Dentro del rosal

matarm' han.



domingo, 22 de enero de 2023

Ejemplos del poema para el nivel semántico

 

CANTAR DE LOS CANTARES

Hermosa eres tú, oh amiga mía, como Tirsa;

De desear, como Jerusalén;

Imponente como ejércitos en orden.

Aparta tus ojos de delante de mí,

Porque ellos me vencieron.

Tu cabello es como manada de cabras

Que se recuestan en las laderas de Galaad.

Tus dientes, como manadas de ovejas que suben del lavadero,

Todas con crías gemelas,

Y estéril no hay entre ellas.

Como cachos de granada son tus mejillas

Detrás de tu velo.

Sesenta son las reinas, y ochenta las concubinas,

Y las doncellas sin número;

Mas una es la paloma mía, la perfecta mía;

Es la única de su madre,

La escogida de la que la dio a luz.

La vieron las doncellas, y la llamaron bienaventurada;

Las reinas y las concubinas, y la alabaron.

¿Quién es esta que se muestra como el alba,

Hermosa como la luna,

Esclarecida como el sol,

Imponente como ejércitos en orden?

 

 

Soneto, Francisco de Quevedo

Es hielo abrasador, es fuego helado,

es herida que duele y no se siente,

es un soñado bien, un mal presente,

es un breve descanso muy cansado.

 

Es un descuido que nos da cuidado,

un cobarde con nombre de valiente,

un andar solitario entre la gente,

un amar solamente ser amado.

 

Es una libertad encarcelada,

que dura hasta el postrero paroxismo;

enfermedad que crece si es curada.

 

Éste es el niño Amor, éste es su abismo.

¡Mirad cuál amistad tendrá con nada

el que en todo es contrario de sí mismo!

 

Égloga, Garcilaso de la Vega

Por ti el silencio de la selva umbrosa,

por ti la esquividad y apartamiento

del solitario monte m'agradaba;

por ti la verde hierba, el fresco viento,

el blanco lirio y colorada rosa

y dulce primavera deseaba.

Ay, cuánto m'engañaba!

¡Ay, cuán diferente era

y cuán d'otra manera

lo que en tu falso pecho se escondía!

Bien claro con su voz me lo decía

la siniestra corneja, repitiendo

Ejemplos de poemas para el nivel sintáctico

 

Una araña paciente y silenciosa, Walt Whitman

 Una araña paciente y silenciosa,

vi en el pequeño promontorio en que

sola se hallaba,

vi cómo para explorar el vasto

espacio vacío circundante,

lanzaba, uno tras otro, filamentos,

filamentos, filamentos de sí misma.

Y tú, alma mía, allí donde te  encuentras,

circundada, apartada,

en inmensurables océanos de espacio,

meditando, aventurándote, arrojándote,

buscando si cesar las esferas

para conectarlas,

hasta que se tienda el puente que precisas,

hasta que el ancla dúctil quede asida,

hasta que la telaraña que tú emites

prenda en algún sitio, oh alma mía.

 

La voz, Charles Baudelaire

 Se encontraba mi cuna junto a la biblioteca,

Babel sombría, donde novela, ciencia, fábula,

Todo, ya polvo griego, ya ceniza latina

Se confundía. Yo era alto como un infolio.

Y dos voces me hablaban. Una, insidiosa y firme:

«La Tierra es un pastel colmado de dulzura;

Yo puedo (¡y tu placer jamás tendrá ya término!)

Forjarte un apetito de una grandeza igual.»

Y la otra: «¡Ven! ¡Oh ven! a viajar por los sueños,

lejos de lo posible y de lo conocido.»

Y ésta cantaba como el viento en las arenas,

Fantasma no se sabe de que parte surgido

Que acaricia el oído a la vez que lo espanta.

Yo te respondí: «¡Sí! ¡Dulce voz!» Desde entonces

Data lo que se puede denominar mi llaga

Y mi fatalidad. Detrás de los paneles

De la existencia inmensa, en el más negro abismo,

Veo, distintamente, los más extraños mundos

Y, víctima extasiada de mi clarividencia,

Arrastro en pos serpientes que mis talones muerden.

Y tras ese momento, igual que los profetas,

Con inmensa ternura amo el mar y el desierto;

Y sonrío en los duelos y en las fiestas sollozo

Y encuentro un gusto grato al más ácido vino;

Y los hechos, a veces, se me antojan patrañas

Y por mirar al cielo caigo en pozos profundos.

Más la voz me consuela, diciendo: «Son más bellos

los sueños de los locos que los del hombre sabio».

 

Fuera menos penado si no fuera, Miguel Hernández

 Fuera menos penado si no fuera

nardo tu tez para mi vista, nardo,

cardo tu piel para mi tacto, cardo,

tuera tu voz para mi oído, tuera.

 

Tuera es tu voz para mi oído, tuera,

y ardo en tu voz y en tu alrededor ardo,

y tardo a arder lo que a ofrecerte tardo

miera, mi voz para la tuya miera.

 

Zarza es tu mano si la tiento, zarza,

ola tu cuerpo si la alcanzo, ola,

cerca una vez pero un millar no cerca.

 

Garza es mi pena, esbelta y triste garza,

sola como un suspiro y un ay, sola,

terca en su error y en su desgracia terca.

Ejemplos de poemas para el nivel fonético

Al cumplir mis 36 años, Lord Byron

¡Calma, corazón, ten calma!
¿A qué lates, si no abates
ya ni alegras a otra alma?
¿A qué lates?

Mi vida, verde parral,
dio ya su fruto y su flor,
amarillea, otoñal,
sin amor.

Mas no pongamos mal ceño!
¡No pensemos, no pensemos!
Démonos al alto empeño
que tenemos.

Mira: Armas, banderas, campo
de batalla, y la victoria,
y Grecia. ¿No vale un lampo
de esta gloria?

¡Despierta! A Hélade no toques,
Ya Hélade despierta está.
Invócate a ti. No invoques
más allá

Viejo volcán enfriado
es mi llama; al firmamento
alza su ardor apagado.
¡Ah momento!

Temor y esperanza mueren.
Dolor y placer huyeron.
Ni me curan ni me hieren.
No son. Fueron.

¿A qué vivir, correr suerte,
si la juventud tu sien
ya no adorna? He aquí tu
muerte.

Y está bien.
Tras tanta palabra dicha,
el silencio. Es lo mejor.
En el silencio ¿no hay dicha?
y hay valor.

Lo que tantos han hallado
buscar ahora para ti:
una tumba de soldado.
Y hela aquí.

Todo cansa todo pasa.
Una mirada hacia atrás,
y marchémonos a casa.
Allí hay paz.

 

Poema de un día, Antonio Machado

 Heme aquí ya, profesor

de lenguas vivas (ayer

maestro de gay-saber,

aprendiz de ruiseñor)

en un pueblo húmedo y frío,

destartalado y sombrío,

entre andaluz y manchego.

[…]

¡Llueve, Señor; llueve, llueve!

En mi estancia, iluminada

por esta luz invernal

—la tarde gris tamizada

por la lluvia y el cristal—,

sueño y medito.

Clarea

el reloj arrinconado,

y su tic-tic, olvidado

por repetido, golpea.

Tic-tic, tic-tic... Ya te he oído.

Tic-tic, tic-tic... Siempre igual,

monótono y aburrido.

Tic-tic, tic-tic, el latido

de un corazón de metal.

En estos pueblos, ¿se escucha

el latir del tiempo? No.

En estos pueblos se lucha

sin tregua con el relo,

con esa monotonía

que mide un tiempo vacío.

Pero ¿tu hora es la mía?

¿Tu tiempo, reloj, el mío?

(Tic-tic, tic-tic... ) Era un día

(tic-tic, tic-tic) que pasó,

y lo que yo más quería

la muerte se lo llevó.

[..]

En otro tiempo...

—Llovía

también cuando Dios quería.

—Hasta mañana, señores.

Tic-tic, tic-tic... Ya pasó

un día como otro día,

dice la monotonía

del relo'

Sobre mi mesa los datos

de la conciencia, inmediatos.

No está mal

este yo fundamental,

contingente y libre, a ratos,

creativo, original;

este yo que vive y siente

dentro la carne mortal,

¡ay! , por saltar impaciente

las bardas de su corral.

 

The bells, Edgar Allan Poe [Fragmento]

Hear the loud alarum bells—

                 Brazen bells!

What tale of terror, now, their turbulency tells!

       In the startled ear of night

       How they scream out their affright!

         Too much horrified to speak,

         They can only shriek, shriek,

                  Out of tune,

In a clamorous appealing to the mercy of the fire,

In a mad expostulation with the deaf and frantic fire,

            Leaping higher, higher, higher,

            With a desperate desire,

         And a resolute endeavor

         Now—now to sit or never,

       By the side of the pale-faced moon.

            Oh, the bells, bells, bells!

            What a tale their terror tells

                  Of Despair!

       How they clang, and clash, and roar!

       What a horror they outpour

On the bosom of the palpitating air!

       Yet the ear it fully knows,

            By the twanging,

            And the clanging,

         How the danger ebbs and flows;

       Yet the ear distinctly tells,

            In the jangling,

            And the wrangling.

       How the danger sinks and swells,

By the sinking or the swelling in the anger of the bells—

             Of the bells—

     Of the bells, bells, bells, bells,

            Bells, bells, bells—

 In the clamor and the clangor of the bells! 

Fragmento Hamlet, W. Shakespeare

  ACTO III Escena   Primera Entran el rey, la reina, Polonio, Ofelia, Rosencrantz, Guildenstern y caballeros Rey:                  ¿Y ...