Tal vez mañana
Desperté muy temprano, aún no sonaba el despertador, pero
simplemente ya no pude conciliar el sueño. Forcé a mi cuerpo a descansar un
poco más y sucedió.
No tenía ni idea de cómo había llegado a la escuela, pero
ahí estaba yo enfrente de todos en el salón mientras la maestra lloraba en su
escritorio por lo que parecía haber sido una golpiza de mi parte. Todos me
miraban estupefactos y asustados, pero yo simplemente no recordaba nada.
Salí del salón y comencé a revisar mi celular, tenía varios
mensajes previos de lo que había ocurrido en la mañana, pero simplemente yo no
recordaba nada desde que había intentado volver a dormir.
No es la primera vez que me pasa, cada día el suceso con el
que empiezo a recordar es más violento, pero parece ser que aún no descubro el
porqué de mi amnesia, tal vez mañana...
La buena conciencia
En el centro de la Selva existió hace mucho una extravagante
familia de plantas carnívoras que, con el paso del tiempo, llegaron a adquirir
conciencia de su extraña costumbre, principalmente por las constantes
murmuraciones que el buen Céfiro les traía de todos los rumbos de la ciudad.
Sensibles a la crítica, poco a poco fueron cobrando repugnancia a la carne,
hasta que llegó el momento en que no sólo la repudiaron en el sentido figurado,
o sea el sexual, sino que por último se negaron a comerla, asqueadas a tal
grado que su simple vista les producía náuseas.
Entonces decidieron volverse vegetarianas.
A partir de ese día se comen únicamente unas a otras y viven tranquilas,
olvidadas de su infame pasado.
Fiesta sorpresa
Hoy mi casa es un velorio, pero ayer mi casa era una fiesta.
Mis papás invitaron a todo mundo: llegaron parientes, amigos y vecinos, todos
muy bien disfrazados. Hubo abrazos, café y coca colas. Mi tía Lola recitó
algunos versos de Horacio Quiroga, una prima lejana fingió un desmayo, yo
estrené pantalón largo y nadie me mandó a la cama temprano. Todo, gracias a la
muerte repentina de mi hermanita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario